Vida y muerte

Date cuenta,

tu sufrimiento no va a durar nada. Pronto tendrás sed y hambre, un estúpido deseo de tener sexo… A la vida no le importa la muerte. Para la vida la muerte es sólo ocasión de más vida.

Vimos que en apariencia la muerte siempre triunfaba sobre toda vida. Pero es la vida la que conquista y gobierna los tiempos de la muerte. La vida es el maestro; en la muerte está la liberación.

No morir, porque eso es nada.

Ser la muerte misma que se libera de la opresión de la vida en su anagnórisis. Reconocimiento de lo que somos: temporalidad que se vierte y se acaba, una nada maciza y muy presente, una nada que es plena, una plenitud que es nada (Pleroma)…

La vida es una prolongada serie de frivolidades y trivialidades; se recorre saltando de vanidad en vanidad. Desvirtúa las cosas con esos ojos de familiaridad y de prisa, de vertiginoso paso sin pausa, y silencia el horror de la carne que se pudre. Pudrirse es estar hechos de tiempo. Carne es el nombre que pusimos al tiempo que se va llenando de grietas y arrugas alrededor nuestro.

Al final, aprender a ver la eternidad que brilla enhiesta dentro de un tiempo que se escurre y se hunde  y que muere; mirar la vida en la muerte, no desde mi muerte sino desde la única muerte que es de todos. Aceptar que soy humano y asumir mi temporalidad.

Lo demás es nada

¡Tan pronto pasa todo lo que pasa!

!Muere tan joven ante los dioses cuanto

muere!    ¡Todo es tan poco!

Nada se sabe –todo se imagina.

Rodéate de rosas, ama, bebe

y calla. Lo demás es nada.

Pessoa.

De esto se trata la vida.

Había vivido ciego. La muerte me ha abierto los ojos.

Parejas

Los insectos se acoplan sobre el agua

con una agilidad que Nijinsky hubiera envidiado.

Coreografía ensayada millones de años.

Se juntan sin hundirse, toman su fuerza

de la corriente y el abismo, logran

la pareja perfecta, el amor total.

Cumplen con creces lo esperado de ellos.

Tratamos de imitarlos y no es lo mismo.

José Emilio Pacheco. Ciudad de la memoria.


No hay una forma correcta de amarte, ni ninguna forma. Nadie puede enseñárnoslo, y ninguna expectativa vale. Yo siempre estaré equivocado, porque mi juicio es unilateral, limitado. Sólo del Nosotros naciente podemos aprender la manera efímera de amarnos, que es un trance inconsciente, un sueño más elevado, que pasa sin que nada hagamos.

Manifiesto de vida -¡Que importa!

¡Qué importa! Exclama Cioran. Me gusta y lo encuentro muy significativo que esta exclamación sea precisamente eso -que lleve signo de exclamación y no sea una interrogación. Porque en realidad, la actitud es ambigua: se está preguntando qué importa algo, pero a la vez y sobretodo se está exclamando. Si es cierto lo que decía Fritz Perls acerca de que el imperativo es la única manera de comunicación, también siento que la exclamación es la única manera de comunicarse poéticamente; es decir, de dar a conocer el estado interior. No se trata tanto de lo que se dice en particular, sino del gesto.

Aquí va, pues, un manifiesto de vida al que me adhiero totalmente:

 

¡Qué importa!

Todo es posible, y nada lo es; todo está permitido, y ninguna cosa. Cualquiera que sea la dirección elegida, no valdrá más que las otras. Realizar alguna cosa o nada del todo, creer o no, todo es uno solo, igual que da lo mismo gritar que callarse. Uno puede buscar una justificación a todo, como también ninguna. Todo es a la vez real e irreal, lógico y absurdo, glorioso y llano. Nada vale más que nada, de igual modo que ninguna idea es mejor que cualquier otra. ¿Por qué entristecerse de una tristeza y alegrarse de una alegría? ¿Qué importa que nuestras lágrimas sean de placer o de dolor? ¡Amar la hora que nos es ingrata y detestar la ventura, mezclarlo todo, confundirlo todo! Ser como un copo sacudido por el viento, o como una flor llevada por las olas. Resistir cuando no haga falta y ser un cobarde cuando haya que resistir. ¿Quién sabe? -podría en ello ganarse algo. Y de todas maneras, ¿qué importa si algo se pierde? ¿Es que hay algo que ganar o perder en este mundo? Toda ganancia es una pérdida y toda pérdida una ganancia. ¿Por qué esperar en cada día una actitud clara, ideas precisas y palabras que tengan sentido? ¡Siento que debería escupir fuego a guisa de respuesta a todas las preguntas que me han -o que no me han- jamás sido hechas.

(de “En las cimas de la desesperación”. Traducción del francés propia.)

El ideal del hombre

Recientemente traduje un pasaje de mi viejo guía a las orillas del Estigio Cioran. Hoy me quedo deslumbrado por la lucidez que podía llegar a tener incluso envuelto en esa ponzoñosa niebla negra de su desesperación. Me lía mucho que alguien de tal inteligencia no haya podido recuperarse nunca de esa enfermedad de la vida de la que habla Zarathustra. ¿Cómo se puede odiar tanto a la vida? Aunque, en verdad, ¿la odiaba? No lo sé, se aferraba a no perdonarla (como si la vida fuera culpable de su obstinación con la desgracia y el sufrimiento…)

Me parece que en Cioran hay la defensa de una postura intelectual que se dedica a disfrazar la voluntad de vivir como por vergüenza de gritar al mundo con sensualidad, con embriaguez de vida, lo mucho que le fascina estar vivo para analizar con esa lucidez suya la realidad que le tocó soñar. Eso era; un hombre testarudo, pero fiel a sí mismo como pocos. Quizá el hombre más consecuente consigo mismo, paradójicamente más temeroso de no ser consistente consigo mismo, tanto más cuanto si se consideran sus palabras en las que le reclamaba al universo ser tan insoportablemente irracional, y en sus aporías de la irracionalidad. Extraño… necesito volver a leerlo.

En cualquier caso, el siguiente fragmento que traduje del francés (con ayuda de un diccionario) es mi comienzo de relectura de Cioran; debo decir que expresa una parte de mi sentir (digamos que mi parte irracional, contra la racional -todo hombre parece ser la lucha entre estas dos facciones en pugna dentro de sí, y la civilización es sólo un invernadero acondicionado para que se den mejor los frutos de la decencia y de lo racional, de la prohibición y la inhibición…)

<<Homo…>>

El hombre debería cesar de ser -o de convertirse en- un animal dotado [doué] de razón.  Haría mejor en convertirse en un ser insensible, que arriesgara todo en cada instante -un ser capaz de exaltaciones y de fantasmas peligrosos, que pudiera morir de todo eso que ofrece la vida como de todo aquéllo que no ofrece. Cada hombre debería tener como ideal el cesar de ser hombre. Y eso no es posible más que por el triunfo de lo arbitrario absoluto.

La mariposa y la flor del Cuidador de Rebaños…

Pasa una mariposa frente a mí

y por primera vez en el Universo yo advierto

que las mariposas no tienen color ni movimiento,

así como las flores no tienen perfume ni color.

El color es el color en las alas de las mariposas,

el movimiento de la mariposa es el movimiento que se mueve,

el perfume consiste en el perfume del perfume de la flor.

La mariposa es apenas mariposa

y la flor apenas flor.

Alberto Caeiro (Fernando Pessoa), canto XL de El Cuidador de Rebaños, 1911-1912 (trad. de Francisco Cervantes, excepto últimos 2 versos, en donde es “mía”). Tras leer este vasto poema, uno sólo puede quedar lleno de amor por el poeta como quien satisfecho de la sombra que le dio queda lleno de amor por el árbol en el campo. Ahora seguía su turno a él en la cadena de primeros poetas que descubrí en mi adolescencia.

Serendipity

SERENDIPITY BY SERENDIBILIDAD

 

Pero si yo quería…

si yo sólo buscaba… aquella dicha…

…juntos.

Pero si yo…

 

…la amaba como…

Mi alma toda… la deseaba… la…

…y el impulso de mi amor hacia…

…la brújula de mi alma sólo a ella apuntaba

juntos… siempre… juntos…

 

¿Por qué entonces…

……………………………….?

…¿Por qué, di…

vine a llegar

a este negro pozo… sin fin

…tan solo… solo…

solo…?

Juan Carvajal, Inundaciones de PRECIPITACIONES (curiosamente, otro de los poetas en la serie de “preparatoria”…) A propósito del muy especial encuentro musical de anoche, en la que buscando al D.J. encontré a Pumuky…

…y otras cosas.

P.D. Serendipity en español se dice serendibilidad!

Tres poemas a propósito de Benedetti

En la línea de poetas a los que regreso una y otra vez desde que descubrí en preparatoria toca su turno a alguien de quien ya he posteado antes en más de una ocasión. Mario Benedetti fue como aprender a volar y a tomar un aire más liviano de allá arriba, en donde el movimiento estaba permitido en todas direcciones, y ninguna pirueta se antojaba ni remotamente difícil…

Patria es humanidad

 

La manzana es un manazo

y el manazo es un vitral

el vitral es un ensueño

y el ensueño un ojalá

ojalá siembra futuro

y el futuro es un imán

el imán es una patria

patria es humanidad

 

el dolor es un ensayo

de la muerte que vendrá

y la muerte es el motivo

de nacer y continuar

y nacer es un atajo

que conduce hasta el azar

los azares son mi patria

patria es humanidad

 

mi memoria son tus ojos

y tus ojos son mi paz

mi paz es la de otros

y no sé si la querrán

esos otros y nosotros

y los otros muchos más

todos somos una patria

patria es humanidad

 

una mesa es una casa

y la casa un ventanal

las ventanas tienen nubes

pero sólo en el cristal

el cristal empaña el cielo

cuando el cielo es de verdad

la verdad es una patria

patria es humanidad

 

yo con mis manos de huesos

vos con tu vientre de pan

yo con mi germen de gloria

vos con tu tierra feraz

vos con tus pechos boreales

yo con mi caricia austral

inventamos una patria

patria es humanidad

Mario Benedetti, de Geografías (1982-1984).

Este poema me hace pensar en otros dos que a su vez me lo refieren. Así que podríamos hablar de una conexión triple en el tema central, que ya se revelará…

Palabras para Julia

 

Tú no puedes volver atrás 
porque la vida ya te empuja 
como un aullido interminable.

 

Hija mía es mejor vivir 
con la alegría de los hombres 
que llorar ante el muro ciego.

 

Te sentirás acorralada 
te sentirás perdida o sola 
tal vez querrás no haber nacido.

 

Yo sé muy bien que te dirán 
que la vida no tiene objeto 
que es un asunto desgraciado.

 

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso.

 

La vida es bella, ya verás 
como a pesar de los pesares 
tendrás amigos, tendrás amor.

 

Un hombre solo, una mujer 
así tomados, de uno en uno 
son como polvo, no son nada.

 

Pero yo cuando te hablo a ti 
cuando te escribo estas palabras 
pienso también en otra gente.

 

Tu destino está en los demás 
tu futuro es tu propia vida 
tu dignidad es la de todos.

 

Otros esperan que resistas 
que les ayude tu alegría 
tu canción entre sus canciones.

 

Entonces siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti 
como ahora pienso.

 

Nunca te entregues ni te apartes 
junto al camino, nunca digas 
no puedo más y aquí me quedo.

 

La vida es bella, tú verás 
como a pesar de los pesares 
tendrás amor, tendrás amigos.

 

Por lo demás no hay elección 
y este mundo tal como es 
será todo tu patrimonio.

 

Perdóname no sé decirte 
nada más pero tú comprende 
que yo aún estoy en el camino.

 

Y siempre siempre acuérdate 
de lo que un día yo escribí 
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo.

Y por último, un fragmento de un poema más extenso de un poeta recién descubierto por mención de Octavio Paz,

… any mans death diminishes me, because I am involved in Mankinde; And therefore never send to know for whom the bell tolls; It tolls for thee..

John DonneMeditation XVII. La meditación, escrita por el siglo 17, en sí es tan conmovedora y el lenguaje que usa tal deleite, que me doy la libertad de citarlo todo:

PERCHANCE he for whom this bell tolls may be so ill, as that he knows not it tolls for him; and perchance I may think myself so much better than I am, as that they who are about me, and see my state, may have caused it to toll for me, and I know not that. The church is Catholic, universal, so are all her actions; all that she does belongs to all. When she baptizes a child, that action concerns me; for that child is thereby connected to that body which is my head too, and ingrafted into that body whereof I am a member. And when she buries a man, that action concerns me: all mankind is of one author, and is one volume; when one man dies, one chapter is not torn out of the book, but translated into a better language; and every chapter must be so translated; God employs several translators; some pieces are translated by age, some by sickness, some by war, some by justice; but God’s hand is in every translation, and his hand shall bind up all our scattered leaves again for that library where every book shall lie open to one another. As therefore the bell that rings to a sermon calls not upon the preacher only, but upon the congregation to come, so this bell calls us all; but how much more me, who am brought so near the door by this sickness. There was a contention as far as a suit (in which both piety and dignity, religion and estimation, were mingled), which of the religious orders should ring to prayers first in the morning; and it was determined, that they should ring first that rose earliest. If we understand aright the dignity of this bell that tolls for our evening prayer, we would be glad to make it ours by rising early, in that application, that it might be ours as well as his, whose indeed it is. The bell doth toll for him that thinks it doth; and though it intermit again, yet from that minute that that occasion wrought upon him, he is united to God. Who casts not up his eye to the sun when it rises? but who takes off his eye from a comet when that breaks out? Who bends not his ear to any bell which upon any occasion rings? but who can remove it from that bell which is passing a piece of himself out of this world?

No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main. If a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend’s or of thine own were: any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bells tolls; it tolls for thee. Neither can we call this a begging of misery, or a borrowing of misery, as though we were not miserable enough of ourselves, but must fetch in more from the next house, in taking upon us the misery of our neighbours. Truly it were an excusable covetousness if we did, for affliction is a treasure, and scarce any man hath enough of it. No man hath affliction enough that is not matured and ripened by and made fit for God by that affliction. If a man carry treasure in bullion, or in a wedge of gold, and have none coined into current money, his treasure will not defray him as he travels. Tribulation is treasure in the nature of it, but it is not current money in the use of it, except we get nearer and nearer our home, heaven, by it. Another man may be sick too, and sick to death, and this affliction may lie in his bowels, as gold in a mine, and be of no use to him; but this bell, that tells me of his affliction, digs out and applies that gold to me: if by this consideration of another’s danger I take mine own into contemplation, and so secure myself, by making my recourse to my God, who is our only security.

 

Esse est percipi, I

¿En dónde se almacena toda la información que los humanos hemos estado produciendo-o, mejor dicho, procesando?

¿Habita en las pistas magnéticas de discos? ¿En todos esos servidores? ¿En “La Nube”? (La Nube, esa realmente hermosa abstracción; una sospecha repentina me dice que a lo mejor de allí puede surgir una conciencia, como de la red de neuronas del cerebro…). ¿En placas, circuitos, en bits? Esos “bits” en el disco duro o en la memoria flash en realidad tienen sólo información en potencia. Como tal, lo único que realmente son es datos en bruto. Allí no hay almacenada ninguna imagen del paisaje que fotografié con mi cámara digital ni de mi rostro; allí no hay ninguna pieza musical, ningún disco de The Glitch Mob, ni una sola canción. Ni video, ni cartas, ni documentos, ni íconos, ni nada de nada. Hay una nebulosa de datos, de bits, que no tienen ningún sentido sobre la superficie del plato, carecen de orden y de ello nada podría surgir.

Sin embargo, algo surge. Y si se da esta emergencia, es por un factor ajeno al disco: se trata del controlador del disco, que no es otra cosa que un programa. El programa que impone su orden al caos, que da sentido a ese caldo primordial de datos inconexos, de acuerdo a los patrones que contiene. Es el controlador y en realidad es el programa que le ordena al controlador -el codec, el reproductor, la aplicación… Todos ellos contienen los patrones más abstractos en los cuales los datos deben ser recolectados y organizados para que adquieran un sentido, y que de pronto un conjunto de pixeles se despliegue en el monitor y me deje apreciar el jardín de las Hespérides, o un conjunto de sonidos salgan del auricular y me dejen escuchar una sonata para piano de Beethoven -información.

Entonces, ¿dónde está esta información? ¿En los componentes electromecánicos de almacenamiento? O más bien, en los procedimientos estructurados de recuperación y reconstrucción -o, dicho en otras palabras, de interpretaciónPero vayamos más allá: las aplicaciones que organizan a los datos contienen en su esencia las abstracciones de nuestro cerebro, esos organelos o estructuras cerebrales (para decirlo con Douglas Hofstadter) llamados conceptos o (con Platón) ideas o (con la Gestalt) formas. El programa contiene nuestra manera particularísima de interpretar la confusa y difusa realidad del caos subyacente -igual que distinguimos un caballo del campo y de las montañas y de los árboles a su alrededor, igual que abstraemos esa forma de su fondo en eso que llamamos percepción. Está actuando en sí como una extensión de nuestra percepción, de nuestra mente, porque, en verdad, la información no está en ningún dispositivo físico, sino en nosotros, en ese proceso poderosísimo llamado nuestra mente…

Sí: la información no es información sino hasta que la estamos percibiendo. La música que ahora escucho no existe ni siquiera en el reproductor que la toca, sino en mi cabeza que la oye -y no sólo eso: está en el mundo sonoro de mi oído, en mi escucha. Mi oído procesa esa información, y sólo mientras la percibe es que la música es. Quiero decir, nosotros informamos todo lo que existe -en cuanto que existe de alguna forma (en vez de confusamente). Eso es: nosotros sólo percibimos cosas, entidades organizadas que siempre tienen un sentido, y no una amalgama indiferenciada de átomos vibrando o de colores intermezclados, como en una “pintura abstracta”. Incluso si vemos de reojo algún objeto negruzco en el suelo, vemos de pronto una araña o un insecto cuando no hay sino una basurilla inerte -la forma es primordial a la sustancia: viene antes; si veo una araña es porque yo la pongo allí, y la araña es real: me afecta realmente, como si allí hubiera una araña (pero es que, en verdad ¡allí hay una araña! así sea por una fracción de segundo…)

Nuestra mente todo el tiempo está observando el mundo, percibiéndolo pues, con conceptos: cuando vemos un caballo, eso es lo que vemos: un caballo, no una <<cosa como con cuatro piernas y como con torso y como con cuello y cara…>>. Y el caballo es una forma, una idea, un concepto. Nuestros conceptos parecieran tener vida propia y de hecho reflejarse en el espejo informe que es el mundo exterior, colocándose allí para que veamos formas bien definidas. De lo contrario, no comprenderíamos ninguna de las impresiones que nos “llegan” en demasía.

¿Cómo es que puedo ver un caballo, si nunca antes había visto uno? Sólo vemos lo que ya entendemos, sólo conocemos lo que ya estaba dentro nuestro… ¿Cómo puedo experimentar el dolor de quemarme? Quiero decir: la primera vez en mi vida que toco algo muy caliente, ¿cómo es que logro experimentar el calor y el dolor si no es porque ya estaba esa sensación con la que interpretar la impresión? ¿O es que me vinieron del objeto “caliente”? Pero no puede ser: estas sensaciones ya debieron haber estado en primer lugar dentro mío, para que pudiera entonces interpretar las impresiones del cuerpo “caliente” que me llegan por mis nervios. Es decir, si el reproductor no cuenta con el codec apropiado, jamás entenderá el formato FLAC, o ningún otro. Si veo el color azul, es porque tengo el color azul en mi cabeza y entonces puedo como asignarlo a ciertas impresiones “del exterior”. Todas las sensaciones, las del dolor, el placer, el color, etc. ya deben de estar antes en mi conciencia para que luego pueda experimentarlas a través del mundo, que en ese caso las está como sugiriendo, se diría incluso, insinuando -¿subliminalmente?

Ajá! Hay algo raro aquí. ¿Cuál es el papel del mundo exterior? ¿No es más bien un reflejo de los conceptos en nuestra mente? Y entonces las vidas de los animales y personas y astros y plantas que vemos en el exterior no serían sino las proyecciones simultáneas de las vidas de nuestros conceptos en el interior. ¡Y viceversa!

Tengo más que decir al respecto, pero ahora lo dejo aquí. ¿Tiene sentido lo que estoy diciendo? ¿Estoy expresando bien esa idea de que para experimentar una forma, una sensación, para entender información, debe ya estar todo eso en nosotros, y luego sólo se activa? Esto implica que todo lo que percibimos lo percibimos según nuestra forma humana de percepción. Y que el caballo es caballo no por él sino por nosotros. Igual que un caballo miraría algo muy distinto de como yo miro a otro ser humano, o como un perro percibiría otra cosa en una sinfonía de lo que nosotros, o en un monitor de baja resolución…

Esse est percipi.